
Nos encontramos inmersos en el siglo veintiuno, siglo en el que hemos seguido avanzando en muchas ramas, de las cuales podemos destacar la medicina con grandes avances en la genética humana. Sin embargo, el ser humano se enfrenta todavía a una gran cantidad de enfermedades a las que aun no hemos podido encontrar remedio y que ponen en jaque la vida de muchas personas como por ejemplo, las cardiovasculares o el cáncer (de ahí que, en nuestra sociedad, sea necesario preservar nuestro entorno y adoptar formas de vida saludables que prevengan este tipo de dolencias).
El cáncer por definición es el crecimiento anómalo de células dañadas que forman tumores malignos. Estas células se dividen a gran velocidad debido a que fallan los mecanismos de control del organismo.
Hay más de ochenta subtipos de tumores cerebrales, pero se pueden clasificar en dos grandes grupos:
1. Tumor primario cerebral. Originado en el cerebro.
2. Tumor secundario cerebral. Originado en un órgano externo (pecho, pulmón…), se desprenden del órgano afectado y viajan a través de los vasos linfáticos hasta llegar al cerebro.
(Un ejemplo es el glioblastoma, el tumor primario más común y maligno, en el que se dan quince meses de vida como mucho).
Nuestras células están programadas para autodestruirse en caso de que haya algún fallo, pero en el cáncer esa función está bloqueada. ¿Por qué ocurre esto? Las células de nuestro sistema inmune están diseñadas para atacar, el problema es que las células del cáncer las engaña, pues al entrar en contacto con esta, se activa de modo erróneo y le ayuda a crecer. Se cree que es porque la molécula galectina 3 (expresada por la microglía) se agranda mucho y la vuelve torpe. Además, el cáncer puede acabar siendo no una enfermedad, sino varias; ya que las células dañadas se pueden desprender y viajar a lugares como el cerebro (concepto conocido como metástasis). Por eso, es muy invasivo y resistente a los medicamentos; es decir, aunque tenemos técnicas para tratarlo, hay formas de cáncer en las que los tumores sobreviven después de un tratamiento. Por suerte, la ingeniería a nivel molecular nos brinda nuevas opciones para combatirlo.
Resulta que Paula Hammond dio una charla TED en la que explicaba un nuevo arma en investigación contra el cáncer, sutil y efectiva: apagar un gen. Hay un conjunto de moléculas que son las ARNip (ARN pequeño de interferencia o ARN de silenciamiento), una clase de ARN bicatenario. ¿Por qué ARN? Por la simple razón de que permite bloquear determinadas expresiones de nuestros genes. Por tanto, las ARNip consisten en pequeñas secuencias de código genético que llevan a la célula a bloquear un gen determinado; es decir, cada molécula ARNip puede apagar un gen específico dentro de la célula.
Entonces, ¿por qué no simplemente introducimos el ARNip en la célula cancerígena para desactivar el mecanismo de defensa? No es tan sencillo, si contacta con enzimas de nuestra sangre o tejidos, se degrada en cuestión de segundos (no llegaría a su destino). Por ello, se piensa en cómo enviarla hasta su objetivo estando en todo momento protegida:
1. Primero administramos a la célula el ARNip 2. Silenciamos los genes de supervivencia. 3. Finalmente, lo eliminamos con la medicina química.
Para lograr esto, tendríamos que diseñar el arma capaz de viajar por el torrente sanguíneo con el tamaño necesario para llevar a cabo tanto esta tarea, como la posterior tarea de penetrar en la célula cancerígena (una milésima del tamaño de un pelo). de esta forma, podemos construir la nanopartícula mediante los siguientes pasos:
1. En el núcleo de la nanopartícula introduciremos el fármaco de la quimioterapia (veneno que matará la célula del cáncer. 2. Este núcleo lo cubriremos de una fina capa de nanómetros de espesor del bloqueador. Sin embargo, no sería capaz de llegar por sí solo a la célula. Como el ARNip está cargado negativamente, podemos envolverlo con un polímero con carga positiva. Las dos moléculas cargadas negativamente permanecen unidas por atracción, lo que nos brinda una capa protectora que evitará que el bloqueador se degrade en la sangre.
Visto así ya lo tendríamos todo: el ARNip ya podría llegar a la célula porque viene protegido, pero nos estamos pasando algo por alto… Nuestro cuerpo posee un sistema inmune de defensa que puede reconocer a la nanopartícula como extraña. Para evitar esto, la disfrazaremos con otra capa de carga negativa. Esto nos puede servir para dos cosas:
1. La capa está cargada naturalmente que se recubre con un polisacárido hidratado, generando una capa de agua, una nube de partículas de H2O que daría la capacidad de infiltrarse sin ser detectada. 2. La capa contiene moléculas unidas a las células del tumor. Una vez se ha unido, la célula cancerígena absorberá nuestra nanopartícula, la cual una vez dentro se desplegará.
Ahora necesita tiempo para actuar, deshaciéndose de sus capas hasta llegar a lo importante de la nanopartícula: su núcleo. Debido a que actuará durante horas, habrá tiempo de sobra para que se bloqueen o silencien los genes supervivientes. Así conseguimos dejar vulnerable a la célula del cáncer y es cuando el veneno letal (los medicamentos) va a atacar, destruyéndola limpia y eficazmente.
Un ejemplo para evidenciar lo eficaz que sería este tratamiento es el siguiente: Primero probaron en animales que tenían un tipo de cáncer muy agresivo (cáncer de mama triple negativo, caracterizado por la rapidez con la que expulsa el medicamento una vez se administra) doxorobicin.

Pudieron observar que administrando dox, el tumor redujo su ritmo de crecimiento pero aun así, acababa duplicando su tamaño al cabo de dos semanas. Por lo tanto, probaron a ver qué pasaría si administraban el «dox» en la nanopartícula. Los resultados fueron increíbles pues no solo se consiguió reducir el tamaño del tumor, sino que pudieron eliminarlo en algunos casos.
No debemos olvidar que a parte de confiar en la ciencia y la medicina, no es menos importante la actitud que tomemos frente a estas situaciones. Un ejemplo es la historia de Mimi (superviviente de cáncer de ovario) y su hija Paige. Mimi fue una inspiración para muchas personas por su optimismo y fortaleza frente a las adversidades que le presentó la vida. Podemos concluir en que no solo se trata de pintar o construir la ciencia perfecta, sino que sea esta la que cambie la vida de las personas a mejor.
Desde mi punto de vista, pese a todos los avances que hemos dado, todavía nos queda mucho por aprender. En cuanto al cáncer creo que se seguirá investigando para hallar otras curas y más formas de tratarlo, así como un tratamiento completamente personalizado que nos acerque a superar de una vez el reto que supone aún hoy en día.
